
Por Manuel Navarro
El ultimo triunfo del español, Rafael Nadal en el US Open, consiguiendo además ser el jugador más joven, en ganar los cuatro Grand Slam, con tan solo 24 años, ha abierto la discusión, de que Rafa, se perfila a convertirse en el mejor tenista de todos los tiempos.
Nadal con un casi perfecto juego de fondo, gran concentración y una fuerza mental a toda prueba, cimienta la fortaleza de su juego.
Contemporáneo con Roger Federer, aunque menor que él, Nadal ha conseguido 9 títulos de Grand Slam, acrecentando la rivalidad con el suizo (poseedor de 16 títulos) , y cuestionando a los entendidos en este deporte, si es que llegará a ser el mejor de la historia.
Como la mayoría de los deportes, en el tenis, prevalecen la capacidad física, y el talento natural para desarrollarlo. Federer, un virtuoso con la raqueta aventaja al español en vistosidad y magia. Nadal es un portento de despliegue físico, agregándole además una prodigiosa fortaleza anímica, no hay duda que mentalmente, Rafa está por encima de todos.
Si pudiéramos construir un robot perfecto, para jugar al tenis, no distaría mucho en el parecido al juego del Mallorquín.
Es casi seguro, si es que las lesiones, no le juegan una mala pasada que Rafa, podría alcanzar o tal vez superar en títulos a Roger Federer, pero ¿Esto sería suficiente para encumbrarlo como el número uno de todos los tiempos?
¿Fue Oscar de la Hoya, mejor boxeador que Muhammad Alí, porqué consiguió más títulos en su carrera?
O ¿Shumacher fue mejor que Fangio o Senna?
El análisis deberá, ser más amplio y muy subjetivo, como cualquier otro tema en discusión sobre gustos y apreciaciones personales.
Algunos prefieren la mentalidad ganadora y avasalladora de Nadal, para otros, la exquisita precisión y elegancia de Federer, consideran que lo hacen superior. En lo que coincidiremos, es que tuvimos la suerte de disfrutar una parte de la historia del tenis, en la que dos privilegiados deportistas nos dejaron inolvidables y memorables batallas épicas, difíciles de olvidar, como la final del Australian Open del 2009, para mi, uno de los mejores partidos de tenis, que disfruté en mi vida.





