
Por Manuel Navarro
Soy fanático de Roger Federer. Pero en la final del US Open, quizás como muchos, mi preferencia se inclinó hacia el argentino Juan Martín Del Potro, y es que “Delpo” a diferencia de muchos deportistas del país del tango, inspira una simpatía cautivante (como el cuarto set, luego de ganar un formidable y disputado punto, terminó cerca al público y se estrecharon en espontáneos toques de palma de mano)
A sus 20 años, la “Torre de Tandil” con su potencia, corazón y un gran progreso en su
juego, superó el escollo del número uno del mundo, que en la primera manga, parecía que vencería con suma facilidad. Le costó a Juan Martín entrar en la final, superar los nervios de jugar su primera final de Gran Slam.
Del Potro cerró un torneo de manera impresionante, luego de vapulear a Rafael Nadal por un triple 6-2. Impresionante, sin apelaciones y sin excusas.
En menos de un año, el tandilense, escaló del puesto 65º al 5º lugar, y como todo parece indicar, seguirá en crecimiento.
Después de 32 años, un sudamericano, otro argentino, logra el tan deseado Gran Slam de la capital del mundo, un triunfo que alegra a todos los amantes del tenis latinoamericano, y que vislumbra, a un serio competidor para Federer y Nadal, que verán al joven argentino, como una real y seria amenaza a sus dominios.
Su potencia y coraje, pueden lanzarlo hacia lo más alto del ranking de la ATP, aún tine que mejorar su técnica y quizás su físico lo puedan con el tiempo perjudicar, pero hoy “Delpo” tiene el derecho a festejar y seguir soñando, con ser el mejor del mundo. Parece paradójico, pero Juan Martín (1.98 m) aún tiene para seguir creciendo.

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