
Por Manuel Navarro
La Razón
Pennsylvania
“Nunca adquirirás fuerza mental si no tienes nada de peso con qué
ejercer el pensamiento ” (Diane Lane)
Mucho se habla de la importancia de la MENTALIDAD GANADORA, esa actitud para sobreponerse sobre algunas limitaciones físicas o de habilidad, para salir adelante ante alguna adversidad.Mucho tiene que ver con la formación personal. Cuanto más firmesprincipios morales y espirituales tengamos, las posibilidades de sobreponernos
a los momentos difíciles, serán mayores.
Cuando me preparaba para ingresar a la Universidad, tenía un profesor, que nos decía que el problema de los países subdesarrollados es histórica, que nuestra “capacidad perdedora” la llevábamos en la sangre. Nunca le ganamos a nadie, y si por ahí algún de nosotros triunfa, le buscamos lo más mínimo cuestionable, para no
aceptar su triunfo.
Esa energía negativa la transmitimos en los poros. La adversidad no nos hace fuertes, nos hunde cada vez más.
Hace un par de años se retiró de la actividad deportiva, el ciclista norteamericano, Lance Armstrong, múltiple ganador del Tour de Francia. Lance, en 1993 era un triatleta reconvertido en ciclista, gordito, nadie podía imaginar que sería el sucesor del español, Miguel Induráin. Sin embargo, el americano batió al ciclista español en el Mundial de Ciclismo de
fondo en carretera, celebrado en Oslo.
El 2 de octubre de 1996, se le diagnosticó un cáncer de testículos. Esta enfermedad hizo cambiar a Armstrong. A partir de entonces inició una espiral descendente que parecía dejar una única salida fatal. La quimioterapia, la recuperación y, posteriormente, la metástasis en el cerebro y en la médula.
Salir con vida tras esa experiencia provocó en el ciclista una metamorfosis radical. Cambió su cuerpo y cambió su mente. El verse al borde del abismo hizo de él, un americano ya de por sí orgulloso y seguro de sí mismo, un hombre ambicioso e invencible.
En un cuerpo mucho más fibroso y musculoso que antes, exhibe una fuerza física sólo comparable a la mentalidad ganadora que demuestra. Sus tres Tours los ha sentenciado en la primera etapa de montaña (Sestriere en 1999, Hautacam en 2000, con la victoria de Javier Otxoa, y Alpe d’Huez en 2001), manteniendo con insultante facilidad el maillot amarillo
hasta el final.
Solamente desde esa fuerza mental, se pueden entender los durísimos entrenamientos a los que se sometió Armstrong. No hay nadie en el pelotón internacional que entrenara con la intensidad que lo hacía él. Valga el ejemplo de la cronoescalada a La Chamrousse, en el Tour de 2001. Una ascensión inédita en el Tour de Francia, larga y dura. A los corredores les gusta reconocer las etapas antes de hacerlas en carrera. A veces, las menos, entrenando, a veces, en coche. Lance Armstrong subió
hasta cuatro veces esa carretera entrenando, obviamente, al final ganó. Luego de ganar los Tours del 2002, 2003, 2004 y 2005, marcando un récord difícil de igualar, Lance Armstrong, nos demostró que para obtener grandes resultados, es necesario algo más que una capacidad atlética, hay algo más que tienen los ganadores, eso que los hace diferentes:
El deseo de triunfar.
Lance Armstrong, decidió en el 2009 regresar a las competencias internacionales, a los 37 años, el ciclista texano, no sólo competirá, con los obstáculos propios de los tours, sino además, contra aquellos que lo consideran incapaz de lograr codearse con los más jóvenes y a esto le agregaremos a quienes despiadadamente lo persiguen, para probarle que sus logros, sobre todo, en el Tour de Francia, los consiguió, utilizando sustancias prohibidas.
Cuestionado o admirado, Lance es todo una muestra de perseverancia, que no podemos dejar de mirar con asombro y por que no, como un ejemplo de vida.
Claro, muchos de nosotros no llegaremos a ser campeones mundiales, pero si podemos intentar ser cada vez mejores en la actividad que desarrollamos, olvidémonos del conformismo, pensemos que podemos llegar mucho más lejos, e inculquemos a nuestros niños que los obstáculos no son motivo para sentirnos derrotados, si no por el contrario, estos nos deben ayudar
a esforzarnos aún más...¡Qué esperamos!...montemos la bicicleta del éxito, escalemos la montaña hasta alcanzar la cima y no dudemos en levantarnos cada vez que caigamos...
