
Por Manuel Navarro
Revista La Jugada Agosto 2008
Ronnie, se va. Ronaldinho deja el Barcelona, donde dice que ha vivido los mejores momentos de su vida. El astro brasileño, sufrió una vertiginosa caída en su juego a finales de la temporada 2005-2006 y que se vio reflejada en el Mundial de Alemania y en sus siguientes torneos con el Barça.
El que fuera considerado “Mejor Jugador del Mundo”, transformó su atlética figura (envidia de muchos) en la de un ordinario barrigón, producto del exceso en el consumo de agua con mucha cebada. Su amplia y contagiante sonrisa, se fue borrando, gracias a cada noche de bailanta y samba. Toda la felicidad que desbordaba en las canchas de juego, la trasportó a su vida desordenada y poco profesional.
Dinho, el intocable, el incuestionable, la máxima estrella del cielo catalán, se volvió en el ídolo de barro, que ya nadie en Catalunya quería.
Pero a pesar de sus opacas últimas campañas, el Barcelona, tiene mucho que agradecerle a Ronaldinho. El brasileño fue la columna fundamental para lograr dos Ligas españolas y la Champions League. El equipo creció en torno a su figura, su alegría y su amical actitud con sus compañeros, lo alejaban del crack y lo convertían en uno más del grupo. Pero no sólo en el campo de juego, Dinho fue el embajador del barcelonismo por todo el mundo.
“El fútbol es un juego, una fiesta y hay que disfrutarlo”, Ronaldinho, cambia de aires, deja atrás los colores blaugranas y se convierte en rossoneri. El Milán, su nuevo equipo, siempre cálido para los brasileños, le da una nueva oportunidad. El talento, no se pierde de la noche a la mañana, definitivamente, el problema de Dinho pasó por factores psicológicos y de motivación, y hoy en esta nueva aventura en el fútbol italiano, tal vez volvamos a disfrutar de los amagues y los hermosos goles que antes nos regaló.

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