
Por Manuel Navarro
Diario La Razón
Pennsylvania
Febrero 2008
El 15 de junio de 1984, fue uno de los días más tristes de mi vida. Ese día en el Caesars Palace de Las Vegas, el gran Thomas Hearns, noqueaba sin piedad, a uno de mis ídolos,
Roberto “Manos de Piedra” Durán.
Aún era muy pequeño, cuando lo vi por primera vez pelear, fue en 1980 ante el ecuatoriano, Wellington Wheatley, casi por casualidad, pues un programa “Gigante Deportivo” dirigido por el querido Pocho Rospigliosi, hacia un seguimiento a los rivales que por entonces podría tener el crédito peruano, Fernando “Rocco” Castro.
Roberto Durán, era la contra cara boxística de Sugar Ray Leonard, Thomas Hearns y hasta de “Pipino” Cuevas, los mejores exponentes de la categoría walters, en los inicios de los 80'.
El “Cholo” Durán, tenía ya una gran trayectoria, había logrado el título liviano de la Asociación Mundial, frente a Ken Buchanan en 1972 y lo defendió con éxito una decena de veces, hasta vencer a Esteban de Jesús, logrando también el título del Consejo Mundial, antes de subir de categoría.
El 20 de junio de 1980, se llevó a cabo lo que se publicitó como la pelea del siglo, Roberto Durán, enfrentaba al ídolo estadounidense, Sugar Ray Leonard, en el estadio Olímpico de Montreal. Durán venció por puntos a Leonard y le arrebató el titulo walter del Consejo Mundial. La revancha fue en noviembre del mismo año. Durán no estaba ni enterado. Luego de su primera pelea con Leonard, se olvido hasta de su familia, y se quedó en New York por más de un mes festejando, entre fiestas, borracheras y todos los excesos que uno se puede imaginar. Un mes antes de la revancha, con un exagerado sobrepeso, Durán se entera de su próxima pelea. Era de suponer que Durán bajando en un mes 60 libras, no estaba en condiciones de enfrentar un título mundial. “No Más Fight” la famosa frase de Durán al referí Octavio Meyran, retirándose en el octavo round, fue quizás el mayor KO en la carrera de “Manos de Piedra”.
"La primera pelea con Leonard, me dijeron, 'Durán vas a pelear con el ídolo de Estados Unidos' me preparé y le gané al ídolo de Estados Unidos…Me quedé un mes en Nueva York bebiendo, brincando, saltando y me llaman otra vez para una revancha con Leonard. Yo estaba pesando 210, 215, 220 libras, para pelear en un mes en las 147 libras. Yo me estaba muriendo. Y asi fue, me ganó".
La historia deportiva de Durán ya no fue la misma, pasaron 3 años, hasta que el boxeador panameño tenga una nueva oportunidad, para codearse con gloria. 16 de junio de 1983, el norteamericano Davey Moore, poseedor de la corona mediano junior del Consejo Mundial. Era la oportunidad de Moore, vencer a un renombrado boxeador en decadencia, para subir su credibilidad.
Se equivocó, Roberto Durán, renacía cual ave fénix, y en un impresionante combate apabulló Moore, fue terrible como finalizó el boxeador de ébano, prácticamente desfigurado. El “Cholo” estaba de regreso.
Esta pelea lo catapultó, hacia otro épica batalla, Durán enfrentaría a otro monstruo del boxeo mundial, Marvin “Marvelous” Heagler. Aunque el triunfo fue para Heagler, lo demostrado por Durán aquella noche quedó marcado en los anales de la historia del boxeo. Aún existía la oportunidad de la revancha, pero antes tenía que enfrentar a Thomas Hearns. Durán perdió antes de subir al ring. Su mirada perdida, su falta de distancia, hacían suponer que tampoco se preparó como debía. Fue vapuleado por el “Hit Man”, en lo que fue una de las imágenes más tristes en la historia de Roberto Durán.
Desde ese momento todo fue diferente, enfrento a otras ilustres figuras. Una nueva pelea con Leonard, otra con el “Macho” Camacho, todos nefastos intentos de la industria del boxeo, que tuvo que recurrir a estos bodrios, para tratar de mantener el interés del público por este deporte, ante la carencia de nuevas estrellas. Durán ganó un título más ante Iran Barkley, y aunque siguió peleando hasta los 50 años, su decadencia era obvia. Un accidente de auto en Buenos Aires ese año, le dejó ocho costillas rotas y una lesión pulmonar, lo hicieron retirarse, sino quizás aún estaría peleando.
Pude estar cerca de Durán en New York hace poco, sigue siendo el mismo personaje controversial y polémico. Un hombre sensible, que siempre ayudó a los que estaban cerca a él. Un hijo que aún niño, en una noche lluviosa, cuando fueron desalojados, le prometió a su madre, mientras la consolaba, que jamás pasarían hambre y le daría una casa, y le cumplió. Un amigo incondicional, que no dudó en mantener y proteger a sus amigos en su momento de mayor fama, a costa de quedar arruinado. Un boxeador que en estos momentos de la lucha migratoria, que tenemos los hispanos en Estados Unidos, hubiese sido el estandarte de la victoria.
En el 2002 de Ring Magazine lo ubicó en el quinto lugar entre los mejores boxeadores de los '80 y el mejor latinoamericano de todos los tiempos, El año pasado ingresó con toda justicia al salón de la fama del boxeo mundial.
Un grande, de los que hoy escasean.. “De la Hoya ni me habría tocado la cara…” dijo jocosamente y de eso estamos seguros.

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